domingo, 14 de septiembre de 2008

Una palabra tuya



Rompiendo con el post anterior en que parecía que el tono vital era un poco decadente (quizá me contagié de lo que fue el último Festival de Venecia...), hoy os hablaré de una película que, aunque nos habla de unos personajes en la deriva vital del desamparo, me hace sentir bastante afortunada.

Rosario y Milagros. Esos son sus nombres. Y no son personajes nuevos, sinó que la primera vez que los conocimos fue en uno de los capítulos que componían la coral Ataque Verbal (Miguel Albaladejo, 2000). Ahora regresan interpretados por dos actrices diferentes y con su propio largometraje (recordar que Elvira Lindo daba vida a uno de los personajes). Y el resultado, en cuanto a creación de personajes por parte de Malena Alterio y Esperanza Pedreño es excelente, sobretodo en el caso de esta última... Les conocemos, identificamos y observamos como sienten una compasión mútua.

La vida es soledad, o puedes estar solo y arrimarte al primer personaje que se cruce en tu camino. No se inventa nada Elvira Lindo cuando nos habla de estos personajes de la calle, que se aventuran a vivir sin nada ni nadie a lo que aferrarse, al menos nada que hayan escogido por propia voluntad, y no les queda más remedio que conformarse con aquello que el destino les presenta. Y dentro de las posibilidades, sentirse feliz debe ser un logro.

Rosario se conforma desde la amargura, mientras que Milagros tiene una actitud más vital y despreocupada, desafiando incluso lo más convencional, aferrándose a lo que ella obtiene como un regalo del "Cristo fosforescente"...

Me ha gustado, aunque creo que el argumento entra con calzador y es solo un telón de fondo para que los personajes cobren vida. Vale la pena solo para disfrutar de la interpretación de Esperanza Pedreño, a la que deseo que sea una firme candidata a alguno de los próximos premios Goya...

viernes, 5 de septiembre de 2008

Antes que el diablo sepa que has muerto

No es de lo más bonito que he visto, porque me ha transportado al lado escabroso de la vida, pero sí que forma parte de lo bueno. La historia a través del montaje que desgrana los planos y te situa en puntos diferentes para mostrarte lo mismo. Disfrutas la minuciosidad con la que te cuenta lo que pasa. Te revuelves en el asiento cuando asistes a las monstruosidades que cometen los dos hermanos interpretados por un magistral Philip Seymour Hoffman y un sorprendente Ethan Hawke.

Llegas a la conclusión que la vida es un asco. Que hay veces que no hay demasiadas salidas a los problemas y que no te toca más que sobrevivir como sea e intentar sacar pecho cuando te encuentras atrapado en un callejón sin salida.

No es hoy uno de los mejores días, por eso comento esta película, porque el tono vital es perfecto para hablar de lados oscuros y desesperanzas. No me ahogo, pero tampoco espero nada de las pequeñas ilusiones que han surgido los últimos días. La clave es no reclamar, simplemente ir haciendo. Ir dando pasos, aunque sean pequeños, con la finalidad de conseguir algo firme.

Pero es difícil... En la diversidad de opiniones y la incertidumbre de sentimientos transcurren las horas y los pensamientos. El dormir está reñido con las noches en blanco intentando solucionar futuros hipotéticos. El respirar se convierte en salida de emergencia cuando te ahogas en la resignación. Y advierto que tampoco es tristeza, sinó simplemente abrir los ojos y ya no esperar aquello que imaginaba, sinó aceptar lo que seguramente será.